Recorrido por la Historia

26 Brumario CCXVIII



El más civilizado, culto y democrático sistema político-social, el republicanismo, para muchos republicanos españoles (eufemísticamente) sólo ha sido un traje de fino estambre, que les venia muy grande y, además, huérfanos de toda elegancia, lo utilizaban como don Crispín: sin camisa, con corbata y en alpargatas.
Y si nadie enmienda el cuadro, la República en España seguirá siendo, como antes, como siempre ha sido, algo inalcanzable por mor de muchos republicanos a la descoordinación; a mezclarlo todo; a las rivalidades personales; a la dispersión y al atavismo. Motivos estos que han servido a las fuerzas antagónicas del republicanismo para poder estigmatizar a la República con el sinónimo de la división, el desorden y el caos (ver República en el diccionario de la RAE).
El problema aunque parezca nuevo no lo es en absoluto. Si hurgamos en la historia de España de los siglos XIX, XX y contrastamos los hechos que están aconteciendo en lo que va del XXI, nos apercibiremos de que los republicanos españoles, aún en este siglo, no han cambiado nada para tratar de no repetir los desaguisados del pasado sino que los intentan perpetuar, sin fecha de caducidad.
El hecho incontestable de haber mezclado y de insistir en confundirlo todo en política (las uniones anti natura), ha sido y es, la primordial causa que ha puesto en entredicho las conductas de los partidos republicanos españoles y, consecuentemente, de la gran confusión creada entre la sociedad española en cuanto a lo que en puridad es una Republica y un Partido republicano. Y, al mismo tiempo, el principal escollo donde chocan todas las propuestas republicanas y el singular desarrollo de los partidos republicanos como tales partidos que deberían ser fieles a los postulados netamente republicanos. Los partidos republicanos; y digo bien: republicanos, han de mantener su neutralidad en tato que organizaciones políticas defensoras de la proclamación de un sistema de Estado y de Gobierno interclasistas y de amplia base popular en contraposición a otros partidos que aun prefiriendo la República como sistema de Estado y de Gobierno, preconizan y defienden la lucha de clases.
Algunos intelectuales republicanos de relieve en la II República jamás entendieron (y algunos seguimos sin aceptar) la creación del Frente Popular. Algunos nos seguimos preguntando qué pintaban partidos republicanos interclasistas como IR-UR-ORGA, ERC en un proyecto republicano junto a POUM-PSOE- PCE y el apoyo de la CNT en tanto que instituciones defensoras de la lucha de clases.
Valga como ejemplo que, algunos militantes de IR de Isabelo Herreros nos fuimos del Partido, porque no aceptábamos formase parte de la coalición IU en tanto que entidad formada por partidos que defendían la lucha de clases.
Recuerdo la alegría que a algunos nos producían en 1957 las noticias de que se estaba gestionando en el exilio la creación de un Partido republicano único ARD (primer antecedente de ARDE) entre IR y UR. Más alegría nos produjo el conocer sus Bases Doctrinales y Programáticas: “Somos republicanos por principio y nos definimos como una entidad que no ha de estar al servicio de los intereses privados de una clase, sino del superior de la nación y partidaria de una Democracia social, complemento indispensable de una autentica Democracia política.
También nos colmaron de satisfacción estas palabras de D. Emilio Reinares al hablar de la significación de ARDE: “Siendo un Partido progresista, ARDE no es un Partido de clase. Quiere ser el representante del interés superior de la colectividad nacional. Responde así a una filosofía humanista que ha inspirado siempre al republicanismo español y que valora al hombre como tal, intrínsecamente, antes y por encima de la clase social a que pertenezca”.
Después todo fue de otra manera; se siguieron haciendo pactos anti natura, y así nos ha brillado el pelo. Los de la lucha de clases, se olvidaron de ella y se apuntaron a la mamandurria de la Monarquía traicionando a los que les habíamos proporcionado la pátina de demócratas.
Para que se vea cómo han sucedido las cosas históricamente y cómo suceden en la actualidad, ya que nada ha cambiado referente a las rivalidades personales, al atavismo, a la descoordinación, a la dispersión y a las ansias por trepar de algunos, lo explica magníficamente Álvarez Juco de esta manera:
“En los últimos días de septiembre de de 1902 los republicanos españoles celebraban, (sin coordinar las fechas), el trigésimo cuarto aniversario de la revolución de septiembre. Y no hubiera tenido ninguna relevancia especial de no darse aquel año una circunstancia extraordinaria: con el fallecimiento de Pi y Margall en noviembre del año anterior, habían pasado a mejor vida tres de los cuatro presidentes de la Primera República, lo que quería decir que había desaparecido el obstáculo por excelencia- el de las rivalidades personales- que había impedido hasta entonces la tan anhelada unión republicana”.
“Salmerón, el ex presidente supérstite, eligió cuidadosamente la ocasión para lanzar su propuesta unificadora. Y lo hizo en su tierra natal, Almería, en el curso de las celebraciones anuales en recuerdo de la Gloriosa. Hasta ahí todo entraba dentro de lo normal y previsible. Pero no lo fue tanto el que eligiese como medio para su mensaje una conferencia de tipo académico, y menos aún que la misma versase sobre la posibilidad de una ética natural, no religiosa, a partir de Kant”.
“La elección de aquel tema en tan particular ocasión requiere alguna explicación, no sólo porque se trataba de algo ajeno a las preocupaciones del momento sino porque, además, por lo que se sabe, Salmerón no descollaba como especialista en Kant. Ni lo había leído directamente, ni tenia más noticias de sus doctrinas que las recibidas a través de fuentes francesas”.
En este sentido hemos de tener muy en cuenta la personalidad del francés Jules Barni en tanto que el hombre que introdujo la filosofía de Kant en la moral laica. El que inventó la Moral Kantiana. La moral sin la cual no sería posible una libre democracia ni una República. El republicano que enseño a diferenciar el pecado del delito.
Si Salmerón jugó a la baza del racionalismo y en particular a la propuesta kantiana de asentar los principios morales sobre bases no religiosas, fue porque el racionalismo, el intento de superar la dependencia de la religión para hallar explicaciones al mundo y a las conductas morales, constituía ya en aquellos tiempos la base primordial sobre la que se asentaban todas las fracciones del republicanismo español.
El investigador alemán Lutoslawski especialista en la figura del filósofo de Koenigsberg decía al respecto: “que se trataba más de una referencia mítica que de un criterio de acción bien fundamentado con pocas posibilidades de ser efectivo”. Vamos, que Salmerón era otro listo, como muchos que han habido y hay en el republicanismo español.
Y lo digo, porque cualquier republicano está obligado a saber que, la República, es un sistema de Estado y de Gobierno que fija en la razón humana el origen de su autoridad frente a los sistemas que toman como base la patraña del origen divino, crean familias privilegiadas y les atribuyen el poder y el derecho de gobernar a sus semejantes.
Y, que más que un programa político, el republicanismo debe aportar a la sociedad una visión del mundo y unas creencias sobre los avatares humanos, sobre su pasado y su futuro. La República es, ni más ni menos, una forma política que ha de adecuarse a un plan general de racionalización de las relaciones humanas basado en: la Libertad, la igualdad, la Fraternidad y la Laicidad. Teniendo muy en cuenta que, en estos cuatro conceptos, van implícitos, la desaparición de la crueldad, del temor, de la ignorancia, el dolor, la miseria, la superstición y, los métodos inquisitoriales; así como, la exaltación de todas la libertades político- sociales, el fomento de la instrucción pública laica, obligatoria y gratuita y, la amortización de las tierras eclesiásticas, las de los particulares y, por supuesto, las municipales. Es una forma política basada en la razón, ya que la razón, la racionalidad, solo puede admitir la ética natural y, no es ético ni natural que la humanidad sufra, sea ignorante y que algunos privilegiados de entre ella, sean dueños de la naturaleza.
Este trabajo y todos los que les he enviado, están inspirados en una preocupación: en la de enmendar el cuadro que mencionaba al principio de estas líneas; pero ojo, enmendar un cuadro republicano en la confianza en el triunfo de la razón sobre el oscurantismo y los prejuicios heredados, que haya de constituir el dogma de fe republicano e izquierdista por excelencia: la fe en el progreso. Una fe que Eduardo Barriobero explicaba de esta manera en “Atavismos” en noviembre 1897.
“El progreso es el alma de la humanidad y la locomotora del mundo; desarrolla la inteligencia y forma el carácter de los pueblos. El progreso allana los montes, ciega los barrancos, deja el paso expedito! Felices los pueblos que en el progreso piensan! ¡Desdichados los pueblos que del progreso reniegan y, levantando altares a la tradición, labran sin quererlo valiosas hornacinas desde las que el atavismo, Dios destructor, principio del mal, arrancará el punto de apoyo buscado por la palanca de la evolución para impulsar al mundo. Cuando las naciones influidas por corrosivas doctrinas o amordazadas por tiránicas manos se estacionan sin protestar y luchan contra la corriente del progreso, caen sin tardar en un estado patológico que amenaza seriamente el curso de las funciones de su organismo estorbadas por un constante desequilibrio entre la materia y el espíritu, entre el pensamiento y la actividad. Pues la materia, sujeta al momento histórico por las leyes se gasta en choques violentos contra lo que indebidamente le sujeta y le impide seguir la corriente de la inteligencia llegando a naufragar en el océano de la locura. El incremento del estado patológico determinado por este desequilibrio se traduce en grandes crímenes de los que el atavismo es el verdadero autor”
Yo sólo pido que, algunos de los desengañados que estamos dando palos al aire trabajando por una República que muchos han hecho y, están haciendo imposible, intentemos enmendar el cuadro. No vamos a proclamar la República, pero, si podríamos, dejar las cosas en su lugar para que alguien pueda proclamarla como debe de ser: lo más republicana posible.

Desos vs. Ambición

27 Vendimiario CCXVII

¿Cuantos españoles anónimos habrá en España que, comportándose como republicanos, no saben que lo son? Desde luego, cientos de miles. Es muy posible que millones.
¿Cuántas instituciones hay en España que, diciéndose republicanas, no lo son en absoluto, en el sentido exacto del término? Cerca de trescientas, aunque todas juntas (si se uniesen), no pasarían de ser, un testimonio republicano vacuo. A parte, de una olla de grillos comunitaria.
El 4 Vendimiario CCXVII, publiqué en mi Blog un post en el que preguntaba si, en España, tendría futuro la República. Era una pregunta trufada con cierta dosis de “picardía”. Al respecto recibí varios correos electrónicos (de individuos que pertenecen a organizaciones republicanas) asegurando para nuestro país, un futuro republicano; pero, claro, unos decididos por una República federal y laica; otros por una República unitaria, otros por una República socialista, algunos por una república liberal y, un par de ellos, pronosticando, como única solución, una República constitucional.
Yo estoy seguro que esta expresiones no pasan de ser, meros deseos; deseos que, desgraciadamente, pertenecen a una realidad vergonzante. La realidad de los que, en España, se dicen republicanos, sin saber que, los deseos en política, son una cosa y, la ambición política, otra muy diferente. Son deseos de querer ganar una pequeña parcela de poder, pero, remunerado. La ambición, como digo, es otra cosa. Es la ambición de gobernar; la ambición de querer cambiar la sociedad; la ambición de querer desviar el curso de la Historia. Que, por cierto, es lo que están esperando, los cientos de miles o, los millones, que menciono al principio de este trabajo. Entre los que me encuentro.
La República, jamás, ha sido presentada a los españoles (por parte de los necesitados interesados) como lo que es. Como el Imperio de la Ley; de una Ley que define claramente, toda la arquitectura de la de la República. De una ley que marca, todos los principios de la decencia. De una ley que acaba con todos los privilegios. Que termina con la jungla.
Sin embargo, siempre, se la ha querido presentar, mesiánicamente, como algo que, de la noche a la mañana, va a venir para solucionar todos sus sufrimientos. Se la ha querido convertir en una especie de Pantagruel capaz de engullir todos los platos que cada cocinero se le antojase confeccionar, sin caer en la cuenta que, a Pantagruel, también se le pueden indigestar algunos alimentos.
Cada vez que reflexiono sobre las epopeyas que otras naciones han tenido que librar heroicamente para conseguir una República duradera, estable, seria, creíble y respetada por propios y extraños, algo muy triste me toca el corazón de republicano diciéndome que, como se hicieron y, se hacen las cosas en España, fue, y será imposible, llegar a proclamar una República que, algún día, pueda alcanzar dichas características y, que, si se llegase a proclamar un nueva República en nuestro país, se haría, en la misma forma, en que se proclamaron las dos anteriores; teniendo muy en cuenta que, ambas proclamaciones, en ningún caso, fueron consecuencia de la ambición política y social de nadie.
Porque no nos engañemos, (sin entrar en consideraciones, que las hay y muchas) las dos Repúblicas españolas ,la I y l I, no fueron ni siquiera (como algunos afirman) un “regalo”; el tiempo que duraron, la primera, escasamente un año y, la segunda, 23 meses ( las elecciones del 16 de febrero de 1933 acabaron con la II República ) fue el tiempo que les hizo falta a los Borbones y a sus secuaces, para reorganizarse y poder, truculentamente, restaurar los regímenes que, previamente, ellos mismos, habían degenerado y podrido con su corrupción y otros hechos deleznables.
Sus advenimientos, fueron dos estratagemas; dos Repúblicas provocadas (consentidas) por la casa de Borbón y sus compinches. Y, para que sus truculencias político-económicas tuviesen éxito, era preciso permitir un sistema político provisional que, bien desestabilizado, desprestigiado y, a su debido tiempo, criminalizado, pudiera servirles frente al crédulo pueblo español de chivo expiatorio que justificase sus golpes de estado para encaramarse tras ellos a un renovado Poder, limpios de toda culpa, como niños que acababan de nacer y, para mayor escarnio, cómo, los salvadores de la patria.
Lo peregrino del caso fue, en ambas ocasiones, que, los interesados republicanos, no supieron (o quisieron) aprovechar los días de mayor libertad para informar al pueblo, fehacientemente, de quien y, de la calaña que eran, los individuos que, desde el primer día de la proclamación de las Repúblicas, se habían dedicado a petardearlas.
A quien se le ocurre, una vez que has tenido la fortuna de proclamar la República, dejar a su libre albedrío a todos los espadones africanistas (en el caso de la II) a la Guardia Civil, a la Policía y a toda la carcunda y clerigalla de la Monarquía borbónica. A quien se le ocurrió poner al gato a cuidar el palomar. A que preclara mente se le pasó por la cabeza poner al zorro al cuidado del gallinero. A quien se le ocurrió nombrar jefe de la guardia del Presidente de República al asesino Queipo de Llano. A quien se le pasaría por la cabeza confirmar en el cargo de Director general de la Guardia Civil a Sanjurjo. Quien permitió que la familia Borbón Battenberg se fuera de rositas de España cargada con inmensas riquezas pertenecientes al Patrimonio y fuertes sumas de dinero Etc. O es que se creían los republicanos que, por arte de magia y, de la noche a la mañana, los monárquicos se habían convertido en republicanos. No se puede ser más cándido.
Para hacer las cosas bien primero se solidifica la República, segundo con el poder en las manos (no con el del pueblo ya que este es cambiante), se amansa la fiera dormida que llevan los españoles en su entraña y, a continuación, con el poder de la fuerza de la ley y, con mucha sabiduría, se continúa, paulatinamente, con las cuestiones sociales. Aunque están sean, las menos prioritarias como, la reforma agraria, la racionalización del ejército, el divorcio o, el voto femenino. Una República no se construye en dos días al grito de: “España ha dejado de ser católica”, ni poniendo una bomba de efectos retardados en los cuarteles, ni amedrentando a los terratenientes. Ni con una Constitución en la mano. Se construye paso a paso con la fuerza de la ley y, la de las armas, de los hombres que deben miran por su cumplimiento.
Alguien puede dudar que, un país como Francia, una República como la francesa puede haber llegado a donde está y, lo que significa para mundo, sin haber tenido que librar una verdadera epopeya consistente en pasar: por la Toma de la Bastilla en 1789, por la utilización de la guillotina 1792-1977, por el Imperio del Terror, por una efímera primera República o, Convención, que es cómo se la conoce 1792-1795, por los ataques del ejercito católico realista de La Vendée, el Primer Imperio que comenzó en la fecha histórica, 18 Brumario del año VIII (1799), la Restauración de otro Borbón (Luis XVIII) y la retrocesión del Poder político a la iglesia católica 1814, la Revolución de 1848 o Segundo Imperio, el Desastre de Sedan con sus consiguientes perdidas de Alsacia y Lorena y las onerosas indemnizaciones que Francia debía pagar a Alemania, la Comuna de París 1871, la proclamación de la III República 1870 1940, el caso Dreyfus 1894-1906, la titánica lucha sostenida con el Vaticano hasta que, en 1905 se consiguió la Ley de Separación entre la Iglesia y el Estado; el asesinato de Jean Jaurès, la Gran Guerra de 1914-1918, la invasión alemana y la Segunda Guerra mundial 1939-1945 o, el que las mujeres no hayan tenido derecho al voto hasta 1944, Etc.
Nadie debería ignorar que, la dimensión humana, la fuerza de los caracteres, la energía valiente y generosa de los individuos son una parte esencial de cómo se deben desencadenar los acontecimientos históricos, sobre todo, cuando las épocas son rudas y se necesitan temperamentos fuertes para amansar las pasiones colectivas y acelerar los procesos para cambiar el destino de una Nación.
Desgraciadamente, el acervo republicano español, nos demuestra todo lo contrario; salvo en muy raras individualidades, esa dimensión humana, esa energía, esa valentía, esa generosidad; ese saber y querer atemperar las pasiones individuales y colectivas, en los momentos cruciales de nuestra historia, siempre, han brillado por su ausencia.
¿Quiénes han sido siempre los beneficiarios de esta vergüenza histórica? Los Borbones y sus secuaces.

Catálogo

Guadarrama, Madrid, 17 Vendimiario CCXVII

Cada vez que regreso a mi casa después de los frecuentes viajes que hago (para desintoxicarme del espeso ambiente español) a través de mí amada Francia y su República, me inclino ante mi ordenador ávido de buenas noticias y, alguna pequeña esperanza, que se refieran a la República. Pero, que va. Si es que encuentro algo agradable, la mala baba de alguno, hace que se esfumen las pequeñas alegrías. Y también las esperanzas.
Cada vez que regreso y observo Madrid en tanto que crisol “cultural” de todas las Españas, estoy más de acuerdo con estas palabras expresadas un día no muy lejano por Valéry Giscard d´Estaing, a la sazón, Presidente de la República francesa: Madrid, es la ciudad mejor iluminada de África. Evidentemente, no se refería a la luz eléctrica. Monsieur le Presidet, pensaba en otras Luces.
Por causa de un post titulado ¿Tiene futuro la República?, el cual inserte en mi blog un día cualquiera del mes de septiembre próximo pasado, en el que hacía mención al patetismo que había observado y, oído, en una comida “republicana”, uno de los asistentes al mencionado evento, para poner la guinda a la tarta de lo irracional, de lo ordinario y, de lo cutre de tal comida, me ha mandado un correo en el que expone, según él, un catálogo de cómo han sido y son, los republicanos españoles; por supuesto, él no se reconoce en dicho catálogo. Solamente y, por última vez, me referiré a él como uno de los más famosos republicanos que pululan por el Ateneo de Madrid.
Esta es la guinda: “Ha habido y, hay, muchas clases de republicanos. Desde los extraviados, inanes, verbosos, nocivos, incoherentes, ininteligibles junta letras hasta el genial Azaña, el catálogo es muy dilatado, pero quizás, de entre los primeros, los peores sean los autoritarios que creen saberlo todo, pretendiendo estar en posesión de la verdad en todas las ocasiones. Son aquellos enfermos de mesianismo-victimista que, a pesar de ser emplazados una y otra vez aviando una trayectoria previa errática, huera y destructiva, son reiteradamente desagradecidos y desleales con los demás. Aunque se vayan cerrando puertas tras si al comprobarse que, con sus disparatadas acciones, probablemente bienintencionadas, lo único que consiguen es obstaculizar la república”
¿Cómo pueden ser republicanos individuos con tanta tara?

¿Tiene futuro la Repúbica?

Guadarrama, Madrid, 4 Vendimiario CCXVII



Fue tan patético lo que escuché y oí en una comida “republicana” a la que asistí, en calidad de invitado, el jueves de la semana pasada que, aparte de colmar el vaso de mi desesperanza, me hizo reflexionar sobre si cambiar o no el título de mi Blog, Un futuro para el republicanismo español. Pero no lo hice, ni lo voy hacer, porque cuando empecé a postear en él, ya sabía de antemano que, sin tardar mucho, debería reconocer ante mis lectores que, lo del futuro, era otra ensoñación más de las muchas que han pasado por mi cabeza en el transcurso de mi vida.
Yo no sé escribir, dándole a mis escritos la pátina literaria que, otros utilizan, para convencer a los demás de algo, en lo que ellos mismos no creen. A mí, me gusta hablar claro, porque creo en lo que digo.
Los españoles no son gente razonable y, mucho menos, comedida; incluidos los republicanos que, en tanto y cuanto, republicanos, deberían serlo, para ejemplo de la mayoría de españoles que se distinguen por todo lo contrario.
Los españoles, generalmente hablando, son el paradigma del extremismo y, en este sentido, los republicanos, no andan a la zaga. Ni siquiera, el término maniqueo, en España, resulta utilizable para situar, ideológicamente, a cada cual en el sitio que le corresponde; a los republicanos y, a los que no lo son. El de cerril (1), sería el más apropiado.
La idea de una República de corte clásico; de una República, radicalmente democrática; de una República en la que cupiesen, sin excepción, todos los españoles, jamás ha tenido futuro en España. La primera, casi no tuvo ni presente; el de la segunda, fue tan efímero y trágico, que hizo imposible su futuro.
Es un axioma que en la España pretérita, ninguna personalidad política, quiso ponerle rostro a una idea fuerte consistente en acabar con todos los privilegios, usos y abusos de los titulares de la Corona de turno, de sus oligarquías y, de la iglesia católica en particular. Tales políticos sabían muy bien que, en España, la idea no tenia futuro y, por consiguiente, ellos tampoco.
Y, si no tuvo futuro en el pasado, por qué habría de tenerlo en el presente, sabiendo que, la sociedad española, en su manera de pensar y, su comportamiento ante las dificultades de la vida cotidiana, continua inamovible. Puede que los españoles hayan pasado del arado al ordenador; del “10 horas de demora”, al teléfono móvil; del abanico, al aire acondicionado; del brasero de cisco de picón, a la calefacción; del burro al “Mercedes” pero, en el fondo; en lo más profundo de su entraña, siguen siendo una sociedad claudicante que, rehúsa conocer la Modernidad y, reconocer, para ella misma: la Libertad, la Justicia, la Tolerancia, la Igualdad y la Fraternidad. En una palabra: la Dignidad del Ser Humano.
Si tan sublime idea, no tuvo futuro en la España de los siglos XIX y XX; ni lo tiene en el XXI es, como antaño, porque si no lo impiden los de la derecha, lo impedirán los de la izquierda; en ambos casos, también como antaño, huérfanos de ideas y conductas exquisitamente republicanas y democráticas. Y, si no lo impiden los del centro es, porque en política, el centro, no existe. En el las sociedades libres, que no es el caso de la española, imperan la razón y el sentido común. De derechas y de izquierdas.

(1) La RAE, expresa de la siguiente manera el término Cerril: “dicho de una persona que se obstina en una actitud o parecer; sin admitir trato ni razonamiento/Coloquialmente: grosero, tosco, rústico”.

Vuelta a la lucha

No hace mucho tiempo, otro republicano como yo, de los que nos hemos dejado inútilmente la salud y, parte de nuestro patrimonio, en tratar de sacar del anonimato al ideal republicano, me insistía con frecuencia: por la República, en España, está todo por hacer. Y yo le apostillaba con firmeza: ¿Solo por la República? ; mira querido amigo, en España, está todo por hacer; a los españoles, sería menester, hasta cambiarles la manera de andar. Y no te digo nada de la forma de pensar; a los españoles, cualquier idea, les entra por los oídos y, les sale por la boca, sin pasarles por el cerebro.
Los dos coincidíamos en que, como se estaban haciendo las cosas, era imposible nuestra pretensión. Nuestro sueño. El de muchos. Y lo es, porque mayoritariamente los habitantes, los vecinos, no los ciudadanos (la ciudadanía no existe) de este inmenso secarral, en privado comen pan y, en público, eructan a pollo; sin que haya forma humana de hacerles comprender que, para eructar a pollo, irremisiblemente, hay que comer pollo. Los españoles de la época, se salvan muy pocos, “vivieron en la oscuridad del franquismo” y, los de hoy en día, se “mueren en la claridad del borbonismo”. En este sentido, a los españoles, como desde hace siglos, se los sigue tratando como a los champiñones; se los deja crecer en la obscuridad, alimentándolos con excrementos.
Jamás se proclamará la República en España, a no ser que, los españoles, la mayor parte, vendan gran parte de su falso orgullo, para poder comprar ingentes cantidades de sentido común.
Nunca se podrá proclamar una República en España, si antes, los republicanos, derechas e izquierdas, no entienden que, para que los que vivan muy mal, puedan vivir menos mal, los que vivan muy bien, deberán vivir, menos bien. Sabedores ambos, que, en Europa, desde hace muchos años, sus ciudadanos, han repudiado el colectivismo.
En Francia por ejemplo, en los años 70 después de 30 años de gobierno de derechas (Gaullismo), se creo la Unión de las izquierdas: Partido socialista (F. Mitterrand), Partido comunista (G. Marchais), Movimiento Radical de Izquierdas (Robert Fabre) con un programa común pero, fracasó, porque el Partido comunista, rompió el trato abusando, al no formar parte del mismo, de las exigencias de colectivismo. Resultado: populismo socialista (de Mitterrand) y más Gaullismo; más derechas. Derechas hasta en la sopa.

Eduardo Calvo García
Guadarrama(Madrid) 23 Fructidor CCXVII

Empecemos a pensar

En varias ocasiones, he leído en la red: ¿por qué no cala, el proyecto republicano en las masas españolas?
Algunos comunicantes, dando fe de un hecho contrastable y, contrastado, manifiestan que, no cala, porque tal proyecto republicano, es inexistente. Y desde luego que no existe. ¿Dónde está el proyecto republicano?
Lo que sí existe es un patético maremágnum de ideas recurrentes, imposibles de llevar a cabo, por su inoportunidad y, su falta de interés, para la sociedad española; al tener nuestra sociedad, otras prioridades.
Pero sobre todo, lo que sí existe, es un gran egoísmo personal por parte de algunos charlatanes, que, únicamente les mueve la figuraración; figurar y más figurar, para propalar, sin ninguna base científica, un republicanismo vacio de cualquier contenido que tenga algo que ver con un proyecto de República, serio y creíble, en el que prime, sobre todo, el sentido común. Pero estos, con todo su lastre poco ético, políticamente hablando, no son los peores; los hay que en vez de trabajar para construir el preceptivo proyecto, se han dedicado (presuntamente) a arramplar con algún millón de euros pertenecientes al patrimonio histórico del Partido que fundó el político más honrado que ha pisado España; me refiero a D. Manuel Azaña y a su Izquierda Republicana. Cuyo Partido actual está en una coyuntura (ética) que se la podría tachar de denigrante para un republicanismo decente.
Yo pasé muchos años autoconvencido de que lo que hacia por la República era, el no va más, hasta que caí en la cuenta, que, lo que estaba haciendo, no valida para nada, como no fuese, para hacer que la República no la conociésemos nunca. Cesé en mis procedimientos y, me aparté, de la inmensa mayoría de “republicanos destacados”. Los borré hasta de mi lista de correos electrónicos, y, si no los he borrado de la agenda de mi teléfono móvil es para saber quien me llama. No he vuelto a contestar sus llamadas.
No se puede andar por el mundo poniendo a caer de burro a Franco, al Rey, a la Reina y toda su familia; no se puede ir de paseo por los mentideros del republicanismo despellejando al Papa, a los cardenales, a los obispos, a los curas, a las monjas, a la clerecía y, a toda la carcunda fundamentalista, y, menos fundamentalista, que los apoya, sin aportar una sola fórmula que pueda acabar con los abusos que esta gente viene cometiendo históricamente.
No se puede lanzar a los cuatro vientos que los terratenientes, los empresarios, los banqueros, los especuladores, la oligarquía y/o el capitalismo en su conjunto, son todo el mal que oprime a los españoles, sin aportar una sola idea concreta y viable para acabar con sus privilegios. Como no sea, la idea recurrente, de que hay que leer más a Marx.
La III República, la tan retóricamente propala III República, sería mejor que no naciese; porque si llegara a nacer, nacería muerta. Se produciría un aborto político –social, histórico.
La República Española, para que pueda llegar a proclamarse en olor de multitud, deberá estar dotada, a priori, de un proyecto en el que la realidad y la eficacia sean la condición del ideal republicano español. De la forma de ser de los españoles. Deberá ser, sin ñoñerías, un proyecto honesto, justo, posible de cumplir, no contrario a la ley natural, que se ajuste a las costumbres de la diversidad española, conveniente a los lugares y sus circunstancias, necesario, intransigente con los privilegios e inspirado en la utilidad pública.
Los hechos políticos, económicos y sociales actuales están dando el tiro de gracia a un sistema que ya no respira, a una extructura de mercado a la que se le ha parado el corazón.
Ha llegado el momento de tener que reinventar España. Nuestro país, con su proyecto republicano en ristre, deberá ser el sembrador de ideas que den lugar a cambiar España, Europa y el mundo. Ha llegado el momento de pasar de lo imaginable a lo tangible. Ha llegado el momento, de crear un nuevo sistema de ganarnos la vida sin destrozar la Naturaleza, sin autosucidarnos y sin que nadie nos esclavice.
Se dice que en España hay más de un 30 % de personas que aceptarían una República como forma de Estado y de Gobierno. Pues bien, a estas personas, se las debería satisfacer, presentándoles un proyecto de República, que nada tuviese que ver con el arqueologísmo republicano que, algunos “republicanos” actuales, quieren introducir en España, por la puerta de atrás de una Monarquía que se empezó a construir el 18 julio de 1936.
Pero para que esto suceda hacen falta personas, republicanos de nuevo cuño, republicanos clásicos dispuestos todos a aportar ideas y, una persona en especial, que las sancione, defienda y, ponga su rostro, ante ese 30 % de españoles, anhelantes de Dignidad, de Justicia, de Libertad, Igualdad y fraternidad. Una nombre que personalice la decencia, una persona que cuando llegue el anhelado momento, pueda presentar su candidatura a la Presidencia de la República Española, con la cara bien alta y lo más ligero de equipaje posible.
Si alguien me preguntase por esa persona, daría su nombre, con la condición de que varios republicanos se lo pidiésemos, formalmente y, por escrito.

Guadarrama(Madrid) 30 Messidor CCXVII

Propieda 4

La nacionalización de la tierra
En su obra “Mitos de la burguesía” (F.Valera) asevera su autor que: “el verdadero dilema, el único problema del mundo, tal y como la realidad demuestra, aunque no se ajuste a los credos de las sectas revolucionarias, no es liberalismo o comunismo, sino propiedad o alienación. Porque la alienación tanto puede ser individualista como comunista”.
Cuando el labrador, el constructor de viviendas, el cocinero, el ganadero, el mecánico etc. que vierten sus esfuerzos en ajena tierra para que otro, sin verla ni quizá conocerla, arramble graciosamente con el fruto de sus fatigas y sudores, padecen las consecuencias de la usurpación privada o alienación. Cuando trabajan para que otro disfrute de los bienes que su trabajo produjo están hundidos en la ergástula de la usurpación.
Cuando una minoría audaz se constituye en rectora forzosa de la masa nacional y la somete al régimen de producción que se le antojó es evidente que la nación vive en un régimen despótico de monopolio de la tierra que es a su vez otro modo de alienación.
Para convencerse de que en España no existe el régimen de propiedad privada, basta recordar que inmensas extensiones del territorio nacional son latifundios. El latifundio, para quien no lo sepa, es una gran extensión territorial inexplotada, a la espera de un momento óptimo para que su amo quiera traficar especulativamente con dicho territorio o, cultivado parcialmente, por procedimientos inadecuados o primitivos que pertenece a un solo señor o amo el cual no ejercita en dicho territorio una actividad creadora ni permite que otros campesinos, ganaderos, constructores, mecánicos etc. ejerciten la suya.
Veamos el siguiente ejemplo (primer tercio siglo XX): Provincia de Sevilla: 475.126 has., de las cuales 262.136 el 56% de su territorio pertenecía a 328 propietarios de entre 700.000,- habitantes.
Provincia de Badajoz (Misma época): 438.885 ha pertenecían a 205 propietarios de entre 645.000 habitantes. En la provincia de Cáceres, parecida proporción. Produciéndose en las provincias de Cádiz, Córdoba y Málaga las más grandes irregularidades y desequilibrios en el reparto del dominio sobre el suelo.
He aquí algunas cifras no menos elocuentes ( misma época): En Jerez de la Frontera 23 propietarios poseían 47.730 ha y 253 grandes propietarios acaparaban el 86% del territorio de éste rico municipio.
En Arcos de la Frontera entre 87 propietarios reunían el 80% de su territorio. En Bornos, sólo tres propietarios poseen el 75% y, en Espera, nueve acaparan el 73%.
En Medina Sidonia, entre 42 propietarios poseían el 71% de su territorio. En Los Barrios, entre 29 propietarios acaparaban el 81% y Castellar de la Frontera pertenece a un solo propietario.
En Baena tres propietarios poseían 7.300 ha, en Córdoba, trece propietarios, 20.500 ha, en Montoro, ocho propietarios, 25.400 ha, En Navalmoral, veintiocho propietarios, 42.000 hectáreas, en Mérida, once propietarios, 23.000 hectáreas.
En Valencia de Alcántara, cuarenta y nueve propietarios, 67.000 ha.
En el Pedroso (provincia de Sevilla) un solo señorito posee 15.000 ha de un término municipal de de 31.000 ha, amén de 21.000 ha que disfruta en el término de Benalcázar y 5.000 ha en Almadén de la Plata, lo que representa un total de de 41.000 ha para solaz y recreo de un solo caballero andaluz.
Y no es que la cosas hayan cambiado para mejor, al contrario, toda esta gente mas los nuevos terratenientes como el taurino albaceteño Samuel Flores (el mayor terrateniente de España) mas la Iglesia Católica Apostólica y Vaticanista (la segunda potencia inmobiliaria) la familia de la lideresa de Esperanza Aguirre y todos los golfos que han comprado a precio regalado terreno público, son los que mueven todos los hilos del poder. Son los amos del patrimonio español. Los amos de la Patria.
Cada millar de hectáreas sometidas equivale a más de un centenar de familias esclavizadas y miserables, cuya liberación depende de la previa y científica liberación del terreno sobre el cual la necesidad les mantiene arraigados. ¿Qué esto es el comunismo? De ninguna de las maneras, todo lo contrario. No hablo de suprimir, sino de establecer el verdadero derecho de propiedad, uno de los cuatro fundamentales que reconoció al ciudadano la Declaración de 1789.
Los que así pensamos, sostenemos que, la propiedad es un derecho inherente a todo ciudadano; luego si algunos monopolizan la fuente inmediata de toda propiedad, que es la tierra, surgirán muchedumbres expoliadas que no pueden gozar de este derecho, y que, por lo tanto pierden su condición de ciudadanos para convertirse en siervos de una patria irredenta. No podrá haber patria nueva mientras esta no se intente construir sobre un nuevo régimen de la Tierra. La tierra debe pertenecer a la paria. La patria, sólo la patria, debe percibir la renta de la tierra.

Guadarrama (Madrid) 27 Messidor CCXVII (día después de la toma de la Bastilla)